Este artículo es de un tema controversial universalmente, la “Elección Papal 2013.”
A raíz de la justificable renuncia de Benedicto XVI. El pontífice número 265 argumentando que no se sentía lo bastante fuerte, a sus 85 años, para desempeñar la responsabilidad de una institución que convoca a más de mil millones de seres humanos.
Pero antes debemos de conocer todo el proceso previo a esta importante y ardua labor, para ello he reunido informaciones que nos dará a entender.
Los 115 cardenales católicos del mundo se encierran en la Capilla Sixtina de El Vaticano, iniciando un nuevo cónclave (reunión entre cardenales con el fin de elegir al nuevo Papa).
Como los cardenales tienen el deber de guardar silencio sobre lo que suceda durante el cónclave, y no pueden salir del Palacio Vaticano hasta que hayan elegido a un nuevo papa, esta tradición se ha revestido de misterio a través de los siglos.
Entre las preguntas que muchos nos hacemos, las siguientes son algunas de las que han dejado de ser parte del misterio.

  • ¿Desde cuándo se celebra el cónclave?

La primera asamblea cardenalicia tuvo lugar en el año 1118 en el monasterio de Santa María in Pallara, en el Palatino. En el primer milenio, eran el clero y el pueblo los que elegían al obispo de Roma. Entre los siglos IV y VIII, la identidad del pontífice tenía que ser confirmada por el emperador, mientras que en la Alta Edad Media eran los aristócratas romanos los que resolvían la elección.

  • ¿Es el Cónclave una elección como cualquier otra?

 Según la legislación de la Iglesia, el Cónclave debe considerarse no un mero lugar de reunión de los Cardenales con derecho a voto, sino más bien un ámbito de retiro sagrado en el que los Cardenales electores invocan al Espíritu Santo para proceder a la elección del Pontífice Romano.

  • ¿Sólo puede ser elegido Sumo Pontífice un cardenal?

 La legislación canónica no impone requisitos para ser elegido Papa: por lo tanto, se deben considerar requisitos los propios del derecho divino para ser Obispo, es decir, ser varón con pleno uso de razón. En la práctica, sin embargo, desde hace muchos siglos el elegido ha sido siempre Cardenal.

  • ¿Los cardenales se quedan encerrados en la Capilla Sixtina hasta que sea electo el Papa?

No, los cardenales se hospedan en la Casa Santa Marta, a 700 metros de la Capilla Sixtina. Allí duermen y se les sirven las comidas, incluido el almuerzo durante un receso entre las 13:00 y las 15:00 horas. Sí permanecen encerrados durante las votaciones, que son cuatro diarias: dos en la mañana y dos en la tarde, hasta que elijan a un Papa.

  • ¿En qué idioma hablan durante el cónclave?

 El idioma predominante es el italiano. No obstante, algunas expresiones que forman parte del ritual de las votaciones se dicen en latín. Un ejemplo: “Testor Christum Dominum, qui me iudicaturus est, me eum eligere, quem secundum Deum iudico eligi debere”, lo que quiere decir: “Invoco como testigo a Cristo el Señor, quien me ha de juzgar, de que he dado mi voto a aquél que, de conformidad con Dios, juzgo que debe ser electo”.

  • ¿Cómo se desplazan los cardenales entre la Capilla Sixtina y la Casa Santa Marta?

 Como la distancia entre los dos puntos es de apenas 700 metros, los cardenales que así lo desean pueden cubrir el trayecto a pie. Pero hay vehículos al servicio del Vaticano disponibles para tales efectos.

  • ¿El papa tiene que ser electo por unanimidad?

 No. Basta con una mayoría de dos tercios de los cardenales electores.

  • ¿Cómo están previstas las votaciones?

 El primer día solo se vota por la tarde, y a partir de entonces, hay que hacerlo dos veces por la mañana y otras dos por la tarde. Si al tercer día no hay fumata blanca, se hace un descanso de un día para rezar y reflexionar. Entonces se celebran hasta tres series de siete escrutinios, con una pausa entre cada serie, hasta alcanzar el consenso necesario.
En caso de que no lo hubiera, Juan Pablo II dio validez a la mayoría absoluta. Benedicto XVI, sin embargo, desdijo a su predecesor en 2007 y estableció los dos tercios como mayoría necesaria en cualquier caso. Pero en previsión de un cónclave largo y dificultades para decidir, estableció que al concluir sin éxito esas series de siete escrutinios, se pasara a elegir solo entre los dos más votados previamente que, además, no pueden votar.

  • ¿Quién propone a los candidatos para la sucesión?

 No hay ningún candidato ni tampoco campaña electoral. Cada cardenal escribe en una papeleta el nombre de aquel que cree que debería salir elegido “según la voluntad de Dios”. Votación tras votación se va perfilando entonces el favorito.

  • ¿Pueden exponer los cardenales lo que sucede dentro de la Capilla Sixtina utilizando sus teléfonos celulares o tabletas?

 No. Durante el cónclave, los cardenales electores no tienen permitido telefonear, ni recibir correspondencia, ni leer el diario, ni ver la televisión. Aunque según el portavoz del vaticano, P. Federico Lombardi, sólo los funcionarios tienen que someterse a una requisa,  los cardenales no. Además, los cardenales se comprometen a guardar silencio.

  • ¿Y si algún cardenal no acatara el deber de guardar silencio?

 Deberá ser castigado con la excomunión, la expulsión de la Iglesia Católica.

  • ¿Pueden conversar los cardenales fuera de la Capilla Sixtina?

 Sí. Durante los días del cónclave pueden conversar normalmente entre sí, pero fuera del Vaticano no pueden contar lo que escucharon, so pena de excomunión.
Proceso de voto físico.
Como en la elección de un jefe de Estado, las elecciones en la Capilla Sixtina son secretas desde 1621 por orden de Gregorio XV.

Los cardenales reciben unas tarjetas rectangulares con la inscripción en latín: «Eligo in summun pontificem», es decir, elijo como Sumo Pontífice. En el espacio en blanco, deben escribir a su elegido con letra irreconocible para no identificar a los autores de los votos.

En caso de escribir dos o más nombres, el voto será anulado, después, el cardenal doblará dos veces la papeleta y la depositará en una urna en el altar, después de decir las siguientes palabras: «Pongo por testigo a Cristo Señor, el cual me juzgará de que doy mi voto a quien en presencia de Dios creo que debe ser elegido».

Una vez depositados los 115 votos de los cardenales inicia el conteo. Si el número de las papeletas no coincide con el número de electores se quemarán inmediatamente y se realiza una segunda votación; si todo está en orden, los escrutadores se sientan en una mesa frente al altar.

El primer escrutador toma una papeleta, mira el nombre del elegido y lo pasa al segundo, que hace lo mismo y el tercero lo lee en voz alta, para que todos puedan escucharlo.

Al término del escrutinio suman los votos de los cardenales y anotan el resultado. El último escrutador cose las papeletas con un hilo, lo amarra de los extremos y los pone a lado de la mesa.

Las urnas en las que serán depositados los votos de los cardenales fueron fabricadas de plata y bronce, especialmente para la ocasión.

Con la promulgación de la Constitución Apostólica por Juan Pablo II se agregó al tradicional cáliz y al copón una urna para depositar las papeletas de los cardenales enfermos y que están en cama. Entonces hay tres urnas, una para los prelados impedidos, otra para el depósito de votos y otra para llevar las papeletas a la estufa donde son quemadas.

Para ocupar la vacante de la Santa Sede no hay requisitos establecidos por el derecho canónico, solo exige que sean varones bautizados, pero en la práctica se elige a quienes tengan el derecho divino, por lo que siempre emana del Colegio Cardenalicio.  Sobre la nacionalidad no hay restricciones, aunque la mayoría han sido italianos.

Esta decisión lleva consigo un peso enorme el cual tiene que ser comandado por un líder de líderes, quien con la mano de Dios y todo su ejército se encargará de ser una breve representación del amor de Dios para la humanidad.
La oración es imprescindible no solo de los Cardenales si no de toda la humanidad Católica, ya que a través de ella, podemos obtener luz que nos guiará por el camino correcto y así poder ser siempre,

¡Por María, más y mejor!