Este 9 de febrero empezó nuevamente la cuaresma, tiempo de preparación, penitencia y oración, con el que conmemoramos los 40 días y 40 noches que pasó Jesús en el desierto para recordarnos que los momentos de desierto y de tormenta que vivimos también pasarán.

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua, empezando con el miércoles de ceniza, en el cual recordamos que somos polvo y que las cosas materiales de este mundo también lo son, que todo en este mundo es efímero, pero Dios es eterno. Otra parte muy importante de la simbología de la cuaresma es el color morado, porque este representa penitencia y esperanza.

En este tiempo, la iglesia nos invita a tres cosas fundamentales: el ayuno, la limosna y la oración. En este año de la misericordia, tratemos de hacer ayunos, más que corporales espirituales, tratemos de dar no solo de lo que nos sobra sino lo que necesita el prójimo, y de rezar no solo por nosotros, por quienes son cercanos a nosotros o por los que están necesitados, recemos también por aquellos que aparentemente lo tienen todo y no necesitan nada.